miércoles, 9 de mayo de 2018

El Ayuntamiento torpedea las obras de la ciudad


Recoge hoy el diario El Progreso que se ha creado un frente común protagonizado por las asociaciones de constructores, inmobiliarias, los colegios de arquitectos, aparejadores, arquitectos técnicos y otras entidades del sector de la construcción. El motivo es la terrible tardanza que el Ayuntamiento de Lugo arrastra para conceder licencias, un trámite que debería estar en torno a los tres meses pero que en nuestra ciudad alcanza los dos años de demora a mayor gloria de la administración.

Es inconcebible, y las consecuencias se notan en la cartera de todos los lucense, ya que empresas que estudian implantarse en nuestra ciudad huyen despavoridas a ayuntamientos más razonables en cuanto a la tramitación de expedientes. No se trata de que en otros sitios se haga la vista gorda, que nos conocemos los argumentos de pata de banco que se sacan a la palestra en estos casos, sino que la tramitación en Lugo es un desastre y se acumulan los expedientes como los anillos de los árboles. Dicen las malas lenguas que un funcionario experimentado es capaz de saber de qué obra es una carpeta solo con ver la decoloración de sus tapas y el polvo que acumula encima.

Si se construyera hoy, la Muralla no existiría aún porque
el expediente estaría sin tramitar.
La administración, a pesar de las apariencias, no está para estorbar, para impedir, ni para torpedear la labor de los particulares. Teóricamente su función es velar por el cumplimiento de las normas de uso común y por el interés general, pero hay una obvia confusión entre los fines y los medios. Mientras nuestro bienamado ayuntamiento aprueba contrataciones de servicios externos para redactar costosísimos planes de tráfico que duermen el sueño de los justos en un cajón, o planes estratégicos que solo dicen obviedades, los servicios técnicos que deben tramitar el futuro de la ciudad, concretamente urbanismo en este caso, sufren de un retraso terrible en sus plazos que, eso sí, afecta al ciudadano día a día.

También es cierto que el mayor problema del Ayuntamiento de Lugo es su absurda política de personal y el enfrentamiento enquistado que hay con los funcionarios desde hace lustros, incrementado notablemente en la época de Orozco y no resuelto en estos tres años de gobierno de Lara Méndez. Lo de abrir expedientes se ve que no les hace demasiada gracia, quizá porque da mucho trabajo, y ni contigo ni sin ti, la RPT sigue ahí, apolillándose sin que se decidan al “arre ou xo” por no pisar el callo a tirios o troyanos.

Entre esa gran plantilla de funcionarios hay algunos, que yo mismo he sufrido (y no me digan que es hablar mal de ese sector al que yo mismo pertenezco) y que tienen la extravagante idea de que el Ayuntamiento es una especie de Stalin comunista local que ha de redistribuir la riqueza, pero no haciendo clase media a los pobres sino fastidiando los ingresos de los que ellos consideran pudientes. Me he enfrentado a situaciones en que parece que a alguno le jode que las empresas salgan adelante, sin tener en cuenta que de sus ingresos salen los sueldos que mantienen todo el chiringuito, y que consideran lo del carácter vicarial de la función pública un mero adorno.

Tanta administración electrónica, tanta firma digital, tanto proyecto en CD y tanta conexión entre entidades y resulta que se tarda más en conseguir una licencia que cuando los papeles se llevaban en burro. Incluso la Xunta sigue a la espera de que le den licencia para rehabilitar algunas casas en la Tinería, mientras, eso sí, la política local consiste en atacar a la administración autonómica por no hacer lo que ellos mismos le impiden hacer. Ya ven...

Mientras tanto, la ciudad duerme su sueño eterno y espera a que alguien la espabile, sacudiendo sus cimientos burocráticos y poniendo a andar la lenta, pesada y excesivamente burocratizada maquinaria local. Desde luego no parece que vayan a hacerlo los que en veinte años en lugar de café le han administrado sedantes.

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